Había sabor a nido
y tibieza de hogar,
había olor a rocío
y esplendores de mar
La risa de los niños
la alegría de vivir,
comunión de cariño,
milagro de existir
Todo era transparente,
como un amanecer,
corrían indiferentes,
los días del querer
Ir y venir sin tregua,
referencia y verdad,
un tiempo de agua fresca,
de gracia y libertad
Y florecían fecundas,
las flores soberanas,
como un norte de cuna,
como dulces mañanas
Los recuerdos puntuales,
de la humana experiencia,
formaron los rituales,
de costumbre y constancia
Y la aurora temprana,
que se quedó en el río,
fue luz de madrugada,
con rumores de estío
Quedó una historia cierta,
formada de retazos,
páginas de agua fresca,
que coronó el ocaso
Y pasaron los años,
en nocturnos plateados,
sin mediar en tamaños,
de costas y legados
Y desde el horizonte,
que une los dos caminos,
se vislumbra una fuente,
de huella del destino
Diciembre 2008
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