¿Por qué negar la luz de las auroras?
¿Por qué ocultarse tras el velo del dolor?
¿Por qué teñir de tristeza las corolas?
¿Por qué dejar inconclusa una canción?
Suelta tu soledad como esas hojas,
del otoño con ocres de arrebol
y que el viento de la eterna paradoja,
se las lleve con el calor del sol
Hoy vivimos lo inviolable de ser dueños,
de unos años sobrados de la vida,
que sembramos con páginas de sueños
y de momentos de encuentro y despedida
El apaño de luceros que se impone,
nace en la madurez de la prudencia,
para afianzar en el alma decisiones,
que se resumen en huellas y vivencias
Porque la vida, tiene un doblez incierto,
un espejismo sin brillo ni esplendor,
pasa y se aleja, entre años de concierto,
dejando marcas de cansancio y decepción
Hay que vivir los años con ahínco
y concluir con altruismo de laureles,
sentir que cada día tiene su ritmo,
de blancos nardos, jazmines y claveles
Septiembre 2007
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