miércoles, 3 de noviembre de 2010

Ruiseñor de mar y de sirena para mi hijo Francisco



Ruiseñor que voló hasta el horizonte,
donde el sol disipa la neblina,
ruiseñor que se gestó en mi vientre,
primogénito y dulzura de mi vida

Con su trino de valor y  de constancia
y su esmero en el empeño de sus metas,
con emblema de trabajo y de prudencia,
en una marca pertinaz y sin descanso

En su precoz inicio, fue un gigante
y con sus manos se labró un camino,
distrayendo las mirillas del espacio,
para aferrarse en su vuelo a su destino

Soñador de mar y de sirena,
que vive con pasión sus emociones,
guerrero del silencio de sus penas,
que se diluye entre trovas y canciones

Cuando entona su canto en la distancia,
reviviendo los años recorridos,
fortalece su huella en la fragancia,
de días de sol radiantes ya vividos

Desde su puerto cabalgan sus mañanas,
cual golondrina que busca un campanario
y un tintineo galopante de campanas,
salpica de sonrisas su sumario

Siempre su nido de ruiseñor espera,
porque su vuelo sin techo y sin baranda,
es un rito de amor en primavera,
para otras aves que imitan su demanda

Y yo que añoro su canto de lucero,
vivo a la espera que visite el nido,
sigo sus sueños con callado celos
y sigo oteando en el tiempo el dulce trino
                                                                                                           Mayo  2009

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