La ciudad musical de Venezuela,
irrumpe con su cuatro los espacios,
bajo un cielo de luces y acuarelas,
que dibuja arreboles en su ocaso
Tierra de caña dulce y de la arcilla,
de turpiales, cocuiza y tamarindo,
tierra del sol ardiente que calcina,
de alegorías y cantos encendidos
Su suelo de tiestos y cardones,
nos regala cemerucos y vasijas,
ciudad de infinitos resplandores
constelación de color que disemina
Su nombre de raíces y aborigen,
nos recuerda el río color cenizo,
de aguas turbias que le dan su origen,
al Vari Quisimeto del inicio
El de trapiches y polvorientas calles,
el del guarapo de caña y la molienda,
de Caquetios y de extensos valles,
de pomasrosas, pulperías y tiendas
Barquisimeto, de ayer, de hoy y siempre,
que se erige en el fervor de su patrona,
que nace desde un pueble reverente,
ante su Virgen amada, La Pastora
Las cuerdas afinadas de sus cuatro,
mantienen un concierto en infinito
y el Obelisco le sirve de contraste,
a las tardes de ovaciones y convites
La imponente quietud de su natura,
está expresada en Terepaima y en Macuto
y sus valles, nos regalan la dulzura
de la caña, de pájaros y frutos
Acemita tocuyana y queso e’cabra
y el suero que no falta en la comida,
distinguen al larense que en el alma,
lleva raigambre con pureza y alegría
Del cardenal de plumas de acuarelas,
tierra de historia, de sol y de cardones,
del cocuy, de trinos blancos y azucenas
Noviembre, 2009


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